Esa disposición hereditaria prevaleció; después de un hiato de dos siglos la perseguida fraternidad resurge en América. Hacia 1824, en Memphis (Tennesse) uno de los afiliados conversa con el ascético millonario Ezra Buckley. Éste lo deja hablar con algún desdén -y se ríe de la modestia del proyecto. Le dice que en América es absurdo inventar un país y le propone la invención de un planeta. A esa gigantesca idea añade otra, hija de su nihilismo (1): la de guardar en el silencio la empresa enorme.
1: Buckley era librepensador, fatalista y defensor de la esclavitud.
1: Buckley era librepensador, fatalista y defensor de la esclavitud.

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