miércoles, marzo 29, 2006

Prólogo de Antiguas Literaturas Germánicas

La mención de Alemania o Inglaterra basta para demostrar la importancia de las culturas germánicas. El primer testimonio de esas culturas fué la literatura que produjeron; nadie, en verdad, puede ser indiferente a su estudio. Sin embargo, la materia de que trata este libro es casi ignorada en los países de habla española; aun las personas cultas suelen limitar su conocimiento a nociones de mitos escandinavos, tomadas de las óperas de Wagner. Se olvida que Inglaterra produjo, antes de la conquista normanda, una secular y dilatada literatura; se ignora que en Islandia culminó la cultura germánica.
A estas razones de carácter histórico o etnográfico se suman otras de carácter estético; una, por lo menos, de las literaturas que habremos de estudiar, nos ha legado obras de intrínseco valor literario: las dos Eddas, la Heimskringla, la Historia de Njal, la Völsunga Saga. En opinión de muchos, habría que agregar a la lista el Nibelungenlied. En la Edad Media, la rama escandinava fué la más rica; ahora no cabría decir lo mismo, debido al vasto florecimiento de las literaturas de Inglaterra y Alemania.
La notoria conveniencia de que el lector conozca directamente los textos y no esté supeditado a juicios ajenos y a dictámenes elogiosos o condenatorios que escapan a su control, nos ha movido a prodigar citas y transcripciones. Este manual, así, no sólo es una introducción al estudio de las antiguas literaturas germánicas; es, también, dentro de su forzada brevedad, un principio de antología. Ha contribuído a que adoptemos este criterio la carencia casi total de bibliografía en lengua española.
Islandia y la Edad Media quedan muy lejos; hemos tratado de acercar ese mundo remoto, vinculándolo a otros, más familiares. Además, esa vinculación existió; las culturas germánicas progresaron al calor de la cultura latina y del cristianismo. En la Voluspa hay ecos de la Revelación de San Juan, y Beda el Venerable teje en su prosa un verso de la Eneida.
No hemos podido eludir cierta inconstancia ortográfica. Los germanistas cuyas obras han servido de base a este manual no han adoptado, todavía, un criterio uniforme: Sigfrid es Sivrit, la espada Balmung es a veces Palmunc, y Snorri Sturluson era, en las páginas de Carlyle, Snorro Sturleson.Tarde o temprano los historiadores de la novela habrán de reconocer la importancia de la saga. Alguna vez se escribirá la historia de la metáfora, y se comprobará que ciertos excesos del siglo xvii y del siglo xx tuvieron anticipación en Islandia.

J.L.B.
D.I.

Buenos Aires, 13 de marzo de 1951.