viernes, octubre 27, 2006

A fines del siglo IX, Harald Harfagr (Harald del hermoso cabello), régulo de uno de los treinta cantones en que estaba dividida Noruega, quiso tomar por esposa a la hija de otro pequeño rey. Ella le dijo que no se casaría con él hasta que él no hubiera hecho de Noruega un solo reino. Harald juró no cortarse el pelo ni peinarse hasta haber sometido todos los reinos y al cabo de diez años de guerras no quedó en Noruega otro rey y Harald recordó su juramento -escribe Snorri Sturluson- y mandó que uno de sus condes le cortara el pelo y fué apodado Harald Harfagr y se casó con la ambiciosa muchacha. Harald tuvo, por lo demás, otras mujeres, porque la poligamia era privilegio de las casas reales de Escandinavia.