jueves, abril 12, 2007

Agudamente observa W.P.Ker (Epic and romance, 1896): "Algunos de los pasajes más memorables de las sagas son aquellos en que un hombre recibe una herida mortal con un dicho curioso y muere acto continuo, como Atli en la historia de Grettir, que fué lanceado a la puerta de su casa y dijo al caer: Ahora se usan estas hojas anchas. La escena es una de las mejores de su clase; no puede hallársele defecto. Pero tal vez hay demasiadas escenas y demasiados dichos de esta índole; bastantes como para despertar la sospecha de que la situación y la sentencia eran ya un artificio convencional." Recordemos las últimas palabras del hombre muerto por Gunnar de un lanzazo.
La saga prescindió de análisis psicológicos, porque el narrador no podía conocer los pensamientos de las personas, sino sus actos y palabras. La saga era una crónica objetiva de hechos históricos; a ello se debe la impersonalidad de su redacción. En las sagas abundan las referencias a riñas de potros, a certámenes de luchas y a carreras; también se habla del pasatiempo de oír sagas. Éstas eran aprendidas de memoria y su recitación, que podía durar muchos días, era una atracción consabida en las reuniones. Así, Harald Hardrada, rey de Noruega, oyó de boca de un islandés la saga que había compuesto sobre él y la recitación duró doce días. Al décimotercero, el rey dijo: "Me gusta lo que has dicho, islandés. ¿Quién te la enseñó?" El otro repuso: "En Islandia yo concurría cada verano a la Asamblea General y escuché lo que narraba Halldór Snorrason." El rey dijo: "En tal caso no es de extrañar que la sepas tan bien." Halldór había servido con Harald en las campañas de Grecia, de Italia y de África.