martes, octubre 03, 2006

Beda, en su Historia Eclesiástica, narra la conversión de Edwin, el sueño de Caedmon, y recoge dos visiones ultraterrenas.
La primera es la visión de Fursa, monje irlandés que había convertido a muchos sajones. Fursa vió el infierno: una hondura llena de fuego. El fuego no lo quema; un ángel le explica: "No te quemará el fuego que no encendiste". Los demonios lo acusan de haber robado la ropa de un pecador que agonizaba. En el purgatorio, los demonios arrojan contra él un ánima en llamas. Ésta le quema el rostro y un hombro. El ángel le dice: "Ahora te quema el fuego que encendiste. En la tierra tomaste la ropa de ese pecador; ahora su castigo te alcanza". Fursa, hasta el día de su muerte, llevó en el mentón y en un hombro los estigmas del fuego de su visión.