Maldon
Brunanburh celebró una victoria; Maldon, compuesto medio siglo después, guarda la memoria de una derrota. Se trata de un fragmento; los invasores daneses piden tributo a los sajones, éstos responden que lo pagarán con sus viejas espadas. El combate se entabla; los "lobos de la matanza", los vikings, apremian a los sajones; el capitán sajón, herido de muerte, agradece a Dios con su último aliento todas las dichas que ha tenido en el mundo. Lo matan y uno de sus hombres, que es un anciano, dice:
"Cuanto menor sea nuestra fuerza, más animoso debe ser nuestro corazón. Aquí yace nuestro señor, hecho pedazos, el que más valía, en el polvo. Quien quiera retirarse de este juego, se lamentará para siempre. Mis años ya son muchos y me quedaré a descansar, junto a mi señor, a quien quiero tanto."
El carácter homérico de estos versos ha sido justamente alabado. Legouis los compara con la Canción de Rolando, pero hace notar que Maldon tiene la desnuda severidad de la historia, y Rolando, el prestigio de la leyenda. En el cantar sajón no hay arcángeles, pero también florece el coraje en medio de la derrota.
"Cuanto menor sea nuestra fuerza, más animoso debe ser nuestro corazón. Aquí yace nuestro señor, hecho pedazos, el que más valía, en el polvo. Quien quiera retirarse de este juego, se lamentará para siempre. Mis años ya son muchos y me quedaré a descansar, junto a mi señor, a quien quiero tanto."
El carácter homérico de estos versos ha sido justamente alabado. Legouis los compara con la Canción de Rolando, pero hace notar que Maldon tiene la desnuda severidad de la historia, y Rolando, el prestigio de la leyenda. En el cantar sajón no hay arcángeles, pero también florece el coraje en medio de la derrota.

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