Las adivinanzas
El libro de Exeter incluye noventa y cinco adivinanzas en verso. Aristóteles, en el libro III de su Retórica, admitió el placer que dan las adivinanzas y dijo que éstas pueden ser instructivas y metafóricas. En la Edad Media, la adivinanza era un género literario y todos percibían su afinidad con las metáforas y las alegorías. Las noventa y cinco piezas del Libro de Exeter carecen de rigor; son menos ingeniosas que poéticas. Algunas son tan vagas que no se ha dado aún con la solución. Algunas son de una grosería increíble. Ésta, que lleva el número 85, es poética y se refiere al río y al pez:
"Mi morada no es silenciosa ni yo hago ruido; el Señor ordenó que fuéramos juntos; soy más veloz que mi morada, a veces más fuerte, pero ella trabaja más; a veces suelo descansar, pero ella es incansable. En ella habitaré mientras viva; si nos separan, mi destino es la muerte."
"Mi morada no es silenciosa ni yo hago ruido; el Señor ordenó que fuéramos juntos; soy más veloz que mi morada, a veces más fuerte, pero ella trabaja más; a veces suelo descansar, pero ella es incansable. En ella habitaré mientras viva; si nos separan, mi destino es la muerte."

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