lunes, abril 23, 2007
En el pasaje de la saga oral a la saga escrita intervinieron muchos factores. El alfabeto rúnico era conocido de antiguo en tierras escandinavas; lo usaban para breves inscripciones en piedras o en artículos de metal o para mensajes grabados a cuchillo en madera, pero no hay prueba de que recurrieran a él para escribir con pluma y tinta, sobre pergamino. Hacia el año 1000, el cristianismo fué adoptado como religión oficial por la república de Islandia; muchos islandeses aprendieron latín y pudieron entregarse al estudio de los libros eclesiásticos y profanos que ese nuevo idioma les ofrecía. La literatura escrita en latín les sugirió la idea de una literatura escrita en islandés. En la letra de los primeros manuscritos de Islandia se ha advertido el influjo de la caligrafía de los anglosajones; este otro ejemplo, unido al de la literatura latina, puede haber ejercido asimismo una influencia eficaz.
jueves, abril 12, 2007
Agudamente observa W.P.Ker (Epic and romance, 1896): "Algunos de los pasajes más memorables de las sagas son aquellos en que un hombre recibe una herida mortal con un dicho curioso y muere acto continuo, como Atli en la historia de Grettir, que fué lanceado a la puerta de su casa y dijo al caer: Ahora se usan estas hojas anchas. La escena es una de las mejores de su clase; no puede hallársele defecto. Pero tal vez hay demasiadas escenas y demasiados dichos de esta índole; bastantes como para despertar la sospecha de que la situación y la sentencia eran ya un artificio convencional." Recordemos las últimas palabras del hombre muerto por Gunnar de un lanzazo.
La saga prescindió de análisis psicológicos, porque el narrador no podía conocer los pensamientos de las personas, sino sus actos y palabras. La saga era una crónica objetiva de hechos históricos; a ello se debe la impersonalidad de su redacción. En las sagas abundan las referencias a riñas de potros, a certámenes de luchas y a carreras; también se habla del pasatiempo de oír sagas. Éstas eran aprendidas de memoria y su recitación, que podía durar muchos días, era una atracción consabida en las reuniones. Así, Harald Hardrada, rey de Noruega, oyó de boca de un islandés la saga que había compuesto sobre él y la recitación duró doce días. Al décimotercero, el rey dijo: "Me gusta lo que has dicho, islandés. ¿Quién te la enseñó?" El otro repuso: "En Islandia yo concurría cada verano a la Asamblea General y escuché lo que narraba Halldór Snorrason." El rey dijo: "En tal caso no es de extrañar que la sepas tan bien." Halldór había servido con Harald en las campañas de Grecia, de Italia y de África.
La saga prescindió de análisis psicológicos, porque el narrador no podía conocer los pensamientos de las personas, sino sus actos y palabras. La saga era una crónica objetiva de hechos históricos; a ello se debe la impersonalidad de su redacción. En las sagas abundan las referencias a riñas de potros, a certámenes de luchas y a carreras; también se habla del pasatiempo de oír sagas. Éstas eran aprendidas de memoria y su recitación, que podía durar muchos días, era una atracción consabida en las reuniones. Así, Harald Hardrada, rey de Noruega, oyó de boca de un islandés la saga que había compuesto sobre él y la recitación duró doce días. Al décimotercero, el rey dijo: "Me gusta lo que has dicho, islandés. ¿Quién te la enseñó?" El otro repuso: "En Islandia yo concurría cada verano a la Asamblea General y escuché lo que narraba Halldór Snorrason." El rey dijo: "En tal caso no es de extrañar que la sepas tan bien." Halldór había servido con Harald en las campañas de Grecia, de Italia y de África.
sábado, abril 07, 2007
La Saga de Grettir
Del capítulo 45 de la Saga de Grettir copiamos el siguiente pasaje, traducido literalmente:
"Ocurrió un día, poco antes de la noche de San Juan, que Thorbjörn fué a caballo a Bjarg. Tenía un yelmo en la cabeza, una espada al costado y una lanza en la mano, de hoja muy ancha. Aquel día llovió. De los peones de Atli, algunos trabajaban en la siega del heno; otros se habían ido a pescar al norte, a Hornstrandir. Atli estaba en su casa, con poca gente. Thorbjörn llegó hacia el mediodía. Solo, cabalgó hasta la puerta. Estaba cerrada y nadie había afuera. Thorbjörn llamó y se ocultó detrás de la casa, para que no lo vieran desde la puerta. La servidumbre oyó que llamaban y una mujer salió a abrir. Thorbjörn la vió, pero no se dejó ver, porque tenía otro propósito. La mujer volvió al aposento. Atli preguntó quién estaba fuera. Ella repuso que no había visto a nadie. Mientras así hablaban, Thorbjörn volvió a golpear con fuerza.
"Entonces dijo Atli: Alguien me busca y trae un mensaje, que ha de ser muy urgente. Abrió la puerta y miró: no había nadie. Ahora llovía con violencia y por eso Atli no salió; con una mano en el marco de la puerta, miró en torno. En ese instante saltó Thorbjörn y le hundió con las dos manos la lanza en la mitad del cuerpo..."
Atli dijo, al recibir el golpe: Ahora se usan estas hojas tan anchas. Luego cayó de boca sobre el umbral. Las mujeres salieron y lo hallaron muerto. Thorbjörn, desde su caballo, gritó que él era el matador y se volvió a su casa."
"Ocurrió un día, poco antes de la noche de San Juan, que Thorbjörn fué a caballo a Bjarg. Tenía un yelmo en la cabeza, una espada al costado y una lanza en la mano, de hoja muy ancha. Aquel día llovió. De los peones de Atli, algunos trabajaban en la siega del heno; otros se habían ido a pescar al norte, a Hornstrandir. Atli estaba en su casa, con poca gente. Thorbjörn llegó hacia el mediodía. Solo, cabalgó hasta la puerta. Estaba cerrada y nadie había afuera. Thorbjörn llamó y se ocultó detrás de la casa, para que no lo vieran desde la puerta. La servidumbre oyó que llamaban y una mujer salió a abrir. Thorbjörn la vió, pero no se dejó ver, porque tenía otro propósito. La mujer volvió al aposento. Atli preguntó quién estaba fuera. Ella repuso que no había visto a nadie. Mientras así hablaban, Thorbjörn volvió a golpear con fuerza.
"Entonces dijo Atli: Alguien me busca y trae un mensaje, que ha de ser muy urgente. Abrió la puerta y miró: no había nadie. Ahora llovía con violencia y por eso Atli no salió; con una mano en el marco de la puerta, miró en torno. En ese instante saltó Thorbjörn y le hundió con las dos manos la lanza en la mitad del cuerpo..."
Atli dijo, al recibir el golpe: Ahora se usan estas hojas tan anchas. Luego cayó de boca sobre el umbral. Las mujeres salieron y lo hallaron muerto. Thorbjörn, desde su caballo, gritó que él era el matador y se volvió a su casa."
miércoles, abril 04, 2007
El arte medieval es espontáneamente, incurablemente, simbólico. Conviene recordar esta circunstancia para apreciar lo excepcional y asombroso de un arte realista como el de las sagas, que corresponde a la observación imparcial. Pinta con lucidez y probidad un mundo que para nosotros es bárbaro y que era bárbaro. Este realismo admite lo sobrenatural, por la suficiente razón de que los narradores y los oyentes creían en fantasmas y en magias. Así, en la Saga de Njal se lee:
"La segunda noche, las espadas saltaron de las vainas en las naves de Brodir y hachas y lanzas volaron por el aire y pelearon. Las armas persiguieron a los hombres. Éstos quisieron defenderse con los escudos, pero muchos fueron heridos y un hombre murió en cada nave."
Este signo se vió en las embarcaciones del apóstata Brodir, antes de la batalla que lo deshizo; un episodio análogo figura en uno de los cuentos de Grimm. Un muchacho posee un garrote mágico que, a la voz de su amo, sale de la bolsa en que está encerrado y distribuye golpes.
Los personajes de las sagas no son totalmente malos o buenos; no hay monstruos del bien o del mal. No prevalecen fatalmente los buenos ni son derrotados los malos. Hay, como en la realidad, coincidencias, dibujos simétricos del azar. Hay incertidumbres verosímiles; el narrador dice:
"Unos cuentan las cosas de esta manera, otros de otra..."
Si un personaje miente, el texto no nos dice que miente; después lo comprendemos.
"La segunda noche, las espadas saltaron de las vainas en las naves de Brodir y hachas y lanzas volaron por el aire y pelearon. Las armas persiguieron a los hombres. Éstos quisieron defenderse con los escudos, pero muchos fueron heridos y un hombre murió en cada nave."
Este signo se vió en las embarcaciones del apóstata Brodir, antes de la batalla que lo deshizo; un episodio análogo figura en uno de los cuentos de Grimm. Un muchacho posee un garrote mágico que, a la voz de su amo, sale de la bolsa en que está encerrado y distribuye golpes.
Los personajes de las sagas no son totalmente malos o buenos; no hay monstruos del bien o del mal. No prevalecen fatalmente los buenos ni son derrotados los malos. Hay, como en la realidad, coincidencias, dibujos simétricos del azar. Hay incertidumbres verosímiles; el narrador dice:
"Unos cuentan las cosas de esta manera, otros de otra..."
Si un personaje miente, el texto no nos dice que miente; después lo comprendemos.
lunes, abril 02, 2007
Así, uno de los capítulos iniciales de la Saga de Njal refiere que Hallgerd la Hermosa obró una vez de un modo mezquino y que su señor, Gunnar de Hlítharendi, el más valiente y pacífico de los hombres, le dió una bofetada. Años después, los enemigos sitian su casa. Las puertas están cerradas; la casa, silenciosa. Uno de los agresores trepa hasta el alféizar de una ventana y Gunnar lo hiere de un lanzazo.
-¿Está Gunnar en casa? -preguntan los compañeros.
-Él, no sé; pero está su lanza -dice el herido, y muere con esa broma en los labios.
Gunnar los tiene a raya con sus flechas, pero al fin le cortan la cuerda del arco.
-Téjeme una cuerda con tu pelo -le dice a Hallgerd.
-¿Es cuestión de vida o muerte? -pregunta ella.
-Sí -responde Gunnar.
-Entonces recuerdo esa bofetada que me diste una vez y te veré morir -dice Hallgerd.
Así Gunnar murió, vencido por muchos, y mataron a Samr, su perro, pero antes el perro mató a un hombre. El narrador no nos había dicho que Hallgerd guardase rencor a su marido; ahora lo sabemos bruscamente, como suelen revelarse las cosas en la realidad.
-¿Está Gunnar en casa? -preguntan los compañeros.
-Él, no sé; pero está su lanza -dice el herido, y muere con esa broma en los labios.
Gunnar los tiene a raya con sus flechas, pero al fin le cortan la cuerda del arco.
-Téjeme una cuerda con tu pelo -le dice a Hallgerd.
-¿Es cuestión de vida o muerte? -pregunta ella.
-Sí -responde Gunnar.
-Entonces recuerdo esa bofetada que me diste una vez y te veré morir -dice Hallgerd.
Así Gunnar murió, vencido por muchos, y mataron a Samr, su perro, pero antes el perro mató a un hombre. El narrador no nos había dicho que Hallgerd guardase rencor a su marido; ahora lo sabemos bruscamente, como suelen revelarse las cosas en la realidad.






